‘QUERIDA, QUERIDO, QUERIDÍSSIMA, QUERIDÍSSIMO’(2018)





Lygia Clark wearing Máscara abismo com tapa-olhos, 1968.


21.11.2018 / ROTTERDAM
Querida Adri,

Entré tarde a la sala de exposiciones de Witte de With, ya eran pasadas las seis (hora a la que cierra el centro) pero a las siete acudía a la performance de Dora García allí mismo, en la planta baja. La exposición hablaba de los epistolarios, eje que articula la manera en la que se desarrollan nuestros textos. La comunicación que cruza fronteras y se dilata. Esta comunicación entre dos personas, un poco más íntima, mucho más íntima que cualquier otro tipo; porque escribir supone poner todo el pensamiento en ello y contar lo más preciado en aquel segundo. Enviar textos, ya sea en forma de carta, postal, mensaje o mail conlleva, no siempre, una descripción del entorno. Cuando entro a las salas y me acerco a las obras siento como si estuviera invadiendo un poco la intimidad de los protagonistas (¿te imaginas que alguien se sintiese así con nuestros textos?). Algunos de los mensajes que capto son más banales, otros son crudos, cuentan cosas que quizás hubiera preferido no leer, otros son hermosos. Con la instalación de Dora García me siento en un desván en el que las cartas, y demás objetos cuentan algo (además se van multiplicando), tesoros sin abrir de los cuales entiendo la mitad, es decir, de dónde proceden. De otras salas, como la que acoge la obra de Carlos Motta, vienen susurros, ya no leo, directamente me introduzco en tu mente, en su mente y la voz acaricia mi cabeza, es parecida a la de esa profesora que me gustaba tanto.

Dentro de estos intercambios, como el nuestro, salvando las distancias, existen otros más populares. Artistas como Lygia Clark y Hélio Oiticica cuyas cartas han sido publicadas diversas veces y su difusión es amplia, te adjunto el link. Especialmente me gusta la carta ficticia que le escribe Clark a Piet Mondriaan, o la manera en la que da a conocer el entorno artístico europeo a la vez que trata temas familiares. Obviamente estas no fueron pensadas para publicarse, pero es un lujo poder leerlas. Una de las actividades paralelas a la exposición era un taller de cartas de amor, no fui, pero me hizo pensar en qué tipo de cartas eran. Para mí son las que le mandaba a mi abuela o las que hablan de arte, las cartas a los amigxs. Son las más sinceras, si contamos con el amor romántico probablemente encontremos promesas no cumplidas y poco más.



16.12.2018 / LONDRES
Queridísima ,

Yo cuando era pequeña tenía un kit de plumas, las sumergía en la tinta y escribía cartas que luego sellaba con cera roja. Estas cartas nunca se movían de la posición geográfica en la cual se iban generando, no viajaban, primero porque no tenían destino, y segundo porque tampoco tenían destinatario. Algunas veces eran cartas dirigidas a amores lejanos, imaginarios. En otros casos se trataba de apuntes escritos con rapidez, descripciones y dibujos de plantas que encontraba en los libros de biología de mis padres. Quizás el intercambio que estamos teniendo ahora es el resultado coherente de un interés remoto en el tiempo, un reanudarse al yo lejano que escribía cartas desde una ausencia. Quizás la mía es una forma romántica de justificar el por qué me encanta escribirte desde la distancia, en esta obsesión que tengo de conferir significado lógico a lo que me circunda y de establecer conexiones entre presente y pasado.

Quizás si no existiera una distancia geográfica a separarnos, este proyecto se desarrollaría de otra forma. Quizás incluso no existiría, y me gusta fantasear en torno a estas bifurcaciones, porque es algo que nos encantó trabajar en el pasado de este proyecto. Volviendo a la exposición, quiero marcar una frase del texto de Gabriel Metsu que me mandaste,

the experience of dislocation produces both a desire for keeping in touch and a feeling of missing out


y creo que me sentí así, missing out, cuando me hablaste de una exposición que no pude ver, sin embargo al mismo tiempo involved, ya que sin este habla no existiría tampoco esta conversación.
                                         


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En la exposición de Anni Albers en la Tate Modern me topé con una carta datada 1976, algunos años después de la publicación de On Weaving. En verdad, Lú, la mesa recogía muchas cartas, pero inexplicablemente, esta carta y no otra atrajo mi atención. A escribirla fue Richard Buckminster Fuller, designer y arquitecto americano. Le decía

Darling darling Anni:
   Speaking in Stuttgart three days ago on my way home from around the world I learned of Yupi’s death. As I write to you I can see and hear you and Yupi so clearly that once more I am deeply aware that the mortal organism so intimately employed by individuals is only a medium of communication of the eternally invisible individual.
  Josef and Anni Albers have enriched incalculable numbers of human lives and have unfettered the creative genius in thousands of individuals. Both you and Yupi are visible in a myriad of your beautiful works. You will go on inspiring humanity ad infinitum.

  Those extraordinary hours we spent together at Black Mountain are dazzlingly bright in my memory.


With Anne’s and my dearest love,
Faithfully,
R. Buckminster Fuller


Quizás tú también sientes ahora de estar invadiendo la intimidad de Anni, al enterarte a través de esta carta de la muerte de Josef su marido y percibes lo que percibí yo al leerla, la sensación de estar entre dos dimensiones temporales y espaciales, quizás tú también atrapada y con ganas de salir.




Mark